Enfoques Sociológicos

 

¡Bienvenidos al Blog sobre Enfoques Sociológicos!

En este espacio, exploraremos las distintas perspectivas y teorías que nos ayudan a comprender mejor la sociedad y sus complejidades. Aquí, analizaremos cómo los diferentes enfoques sociológicos, desde el funcionalismo hasta la teoría crítica, nos ofrecen herramientas valiosas para estudiar y resolver problemas sociales.

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Existen varios enfoques sociológicos que se utilizan para analizar y comprender los problemas sociales en México. Aquí te presento algunos de los más relevantes:

1. Enfoque Crítico

Este enfoque se centra en analizar las estructuras de poder y las desigualdades sociales. Examina cómo las instituciones y las políticas sociales perpetúan la injusticia y la exclusión. Es comúnmente utilizado para estudiar temas como la pobreza, la corrupción y la violencia.

2. Enfoque Funcionalista

El enfoque funcionalista se enfoca en cómo las diferentes partes de la sociedad trabajan juntas para mantener el equilibrio y la estabilidad. Analiza las funciones que cumplen las instituciones sociales y cómo contribuyen al funcionamiento general de la sociedad. Es útil para estudiar temas como la educación, la familia y la religión.

3. Enfoque Interpretativo

Este enfoque se centra en comprender las experiencias subjetivas de las personas y cómo interpretan sus propias vidas y el mundo que les rodea. Utiliza métodos cualitativos como entrevistas y observaciones para obtener una comprensión profunda de las perspectivas individuales. Es útil para estudiar temas como la identidad, la cultura y los movimientos sociales.

4. Enfoque de Redes Sociales

Este enfoque analiza cómo las relaciones y conexiones entre individuos y grupos influyen en el comportamiento social. Utiliza métodos cuantitativos y cualitativos para mapear y analizar las redes sociales y su impacto en la sociedad. Es útil para estudiar temas como la movilidad social, la influencia social y la cohesión comunitaria.

5. Enfoque de Género

Este enfoque se centra en analizar cómo las normas y expectativas de género influyen en las experiencias sociales de hombres y mujeres. Examina cómo las desigualdades de género afectan diferentes aspectos de la vida, como el trabajo, la educación y la salud. Es útil para estudiar temas como la violencia de género, la participación política y la igualdad de oportunidades.

6. Enfoque de Desarrollo

Este enfoque se centra en analizar los procesos de cambio social y económico en México. Examina cómo las políticas de desarrollo afectan a diferentes grupos sociales y cómo se pueden diseñar para promover la equidad y el bienestar. Es útil para estudiar temas como la pobreza, la urbanización y el desarrollo rural.

Estos enfoques proporcionan diferentes perspectivas y herramientas para analizar los problemas sociales en México. Cada uno tiene sus propias fortalezas y limitaciones, y pueden ser utilizados en combinación para obtener una comprensión más completa y matizada de los desafíos sociales.

Enfoque Marxista: Del pensamiento de Marx acerca de la educación

La educación puede ser un vehículo para el desarrollo humano y social. Para constreñir, apresar y embrutecer, también. 

En general, la educación tiene la función de garantizar que los individuos y sus organizaciones se integren al conjunto social, que asimilen los saberes y la cultura necesaria para desenvolverse en su medio, acorde al orden establecido. Por otro lado, puede proveer de las herramientas intelectuales y prácticas para desarrollar nuevas visiones, crear y promover el cambio. De ahí su posible carácter dual: conservadora y revolucionaria.  

En sí mismo, el proceso educativo no significa nada; existe y se da siempre en relación y en contexto; natural, si se quiere pensar en la sobrevivencia; o social, sobre todo social en las sociedades actuales. En este sentido, la educación no es neutral, no está desprovista de intenciones ni aislada de los sistemas de creencias construidos en interacción social.

La educación como medio garante del modelo social

En la visión de Marx, dejar la instrucción escolar en manos del Estado y pensar que con ello se educará a una generación para el cambio social, es absurdo. Cuando analiza la educación ofrecida a los obreros en el escenario de la Inglaterra del siglo XIX, escribe, “la educación en general depende del nivel de las condiciones de vida y lo que la burguesía pretende por educación moral burguesa refuerza los principios burgueses” (Marx & Engels, 1976).  Se subraya que, si bien para el modelo burgués la enseñanza se presenta como un medio de ascenso social para todos, independientemente del origen social, en los hechos se reproducen, para el futuro, las condiciones de saber y de ignorancia indispensables para la buena marcha del capital. 

En su crítica al programa de Gotha (Marx, 2000) es vehemente al poner en duda el planteamiento vertido por el Partido Obrero Alemán en torno a una educación popular a cargo del Estado:

Eso de “educación popular a cargo del Estado” es absolutamente inadmisible. ¡Una cosa es determinar, por medio de una ley general, los recursos de las escuelas públicas, las condiciones de capacidad del personal docente, las materias de enseñanza, etc., y velar por el cumplimiento de estas prescripciones legales mediante inspectores del Estado, como se hace en los Estados Unidos, y otra cosa, completamente distinta, es nombrar al Estado educador del pueblo! Lejos de esto, lo que hay que hacer es substraer la escuela a toda influencia por parte del gobierno y de la Iglesia. …donde es, por el contrario, el Estado el que necesita recibir del pueblo una educación muy severa.

 La educación posible 

Marx considera que la educación básica para todos es un acierto y otorga ventaja a un país; en este sentido escribe: “Prusia tuvo, sobre otras grandes potencias, la ventaja de dos buenas instituciones: el servicio militar obligatorio y la educación básica para todos” Marx & Engels, 1976); no obstante, al mismo tiempo, esta idea no puede reducirse a “educación popular general e igual” como lo planteara el Partido Obrero Alemán en el programa de Gotha, en tanto que la educación popular, la instrucción dad a los obreros, era considerada por Marx como restringida e influida por la religión. No se trataba de bajar el nivel de la educación sino de educar diferente. 

Crítica la educación que promueve la división del trabajo, dado es una de las bases que sustentan la explotación y la desigualdad de clases. Para Marx, la educación debe ser mental, física y tecnológica (Enguita, 1985) y el sistema educativo debe contemplar, además de la formación teórica, la formación práctica en el seno de la actividad productiva, pero en forma diversificada, para dar oportunidad a los jóvenes de conocer todo el sistema y desarrollar sus potencialidades: 

Para educarse, los jóvenes podrán recorrer rápidamente todo el sistema de la producción, con el fin de que estén en estado de pasar sucesivamente de una a otra de las diferentes ramas de la producción –de acuerdo con las necesidades de la sociedad o a partir de las propias inclinaciones que ellos tengan. La educación redimirá en consecuencia ese carácter unilateral que imprime a cada individuo la actual división del trabajo. De esta manera, la sociedad organizada de acuerdo con la forma comunista dará a sus miembros la oportunidad de poner en acción sus habilidades en todas las direcciones. De ello se desprende que cualquier diferencia de clase desaparecerá necesariamente (Marx & Engels, 1976).

La influencia de Marx en enfoques posteriores críticos de la educación

Las aportaciones de Marx tuvieron como consecuencia el desarrollo de una visión crítica acerca de la educación y del sistema escolar. En ellas se cuestionan las posturas funcionalistas en el sentido de que, en éstas, no se pone en tela de duda la función reproductora de un sistema de desiguales relaciones económicas, políticas y culturales; la teoría crítica “desnuda a la escuela de su inocencia”, mientras que las posiciones tradicionales la cubren con un manto de inocencia y falsa neutralidad (Giroux (2004). 

Desde una perspectiva marxista, Ponce (2005), por ejemplo, desde el pensamiento latinoamericano, entiende que la confianza en la educación como una palanca de la historia demuestra un desconocimiento absoluto de la realidad social. En ese sentido, señala que la educación, ligada estrechamente a la estructura económica de las clases sociales, es en cada momento histórico un reflejo necesario y fatal de los intereses y aspiraciones de esas clases. Y agrega: 

El concepto de la evolución histórica como un resultado de las luchas de clase nos ha mostrado, en efecto, que la educación es el procedimiento mediante el cual las clases dominantes preparan en la mentalidad y la conducta de los niños las condiciones fundamentales de su propia existencia. 

Desde estas perspectivas, el proceso de socialización escolar se observa como un vehículo de reproducción económica y cultural, como un proceso mediador entre prácticas sociales y creencias culturales para mantener la hegemonía de una estructura dada de poder (Giroux,  2004). 

Giroux (2004) propone tres premisas para la comprensión de la escuela: 

  • ·  Las escuelas no pueden ser analizadas como instituciones separadas del contexto socioeconómico en el que están situadas.
  • ·   Las escuelas son sitios públicos involucrados en la construcción y control de discurso, significado y subjetividades.
  • ·     Los valores del sentido común y las creencias que guían y estructuran las prácticas en el salón de clases, no son universales a priori, sino que son construcciones sociales basadas en supuestos normativos y políticos específicos.

En este sentido, plantea Giroux (2004), la escuela, como institución y como conjunto de prácticas sociales debe ser vista en sus relaciones integrales con las realidades socioeconómicas y políticas de otras instituciones que controlan la producción, distribución y legitimación del capital económico y cultural en la sociedad dominante.

El primer funcionalismo

El funcionalismo como escuela independiente no aparece sino hasta el siglo XX, pero el entrecruzamiento funcionalista, en sí, es mucho más antiguo. Muchos de 1 los llamados “padres de la sociología” intentaron explicar los fenómenos sociales mediante analogías con el ámbito biológico. Spencer y Durkheim funcionalistas adelantados a un tiempo consideraban que la sociedad era un todo orgánico en el que los diferentes subsistemas o prácticas tienen la función de manejar la entidad mayor en la que están inmersos. Este concepto de sociedad como entidad orgánica se convirtió en un rasgo crucial del argumento funcionalista en el siglo XX. Así mismo, las teorías funcionalistas del siglo XX reconstruyen la historia a partir de la intensificación de la complejidad, la compartimentación y diferenciación entre sistemas. Antecesores del movimiento funcionalista introdujeron el concepto de necesidades sociales. Para que los sistemas sociales estén sanos o al menos, para que sobrevivan, hay que satisfacer ciertas necesidades. Durkheim no precisa sus rasgos funcionalistas teniendo que encontrarlos en las Reglas del método sociológico y en la División del trabajo. En las Reglas Durkheim hizo hincapié en que cualquier explicación adecuada combina el análisis causal con el funcional. El primero explica la sucesión de los fenómenos sociales, mientras que el segundo indica por qué se mantienen las prácticas sociales partiendo de “necesidades generales del organismo social” en el que están inmersas. El análisis funcional es determinante en la distinción que Durkheim establece entre fenómenos normales y patológicos. En una sociedad de terminada, ciertas manifestaciones son normales si tienen lugar de forma regular en sociedades parecidas, y si satisfacen las funciones sociales principales. Los fenómenos son patológicos si no cumplen esas condiciones. La sociedad se mantiene unida mediante lo que Durkheim denomina “solidaridad mecánica”, es decir, una forma de cohesión que se basa en la similitud de creencias y sentimientos.

Talcott Parsons

 La teoría funcionalista de Parsons no simpatizaba con una concepción positivista de las ciencias sociales. Hizo hincapié en lo erróneo de esta postura, porque no creía que recogiera el carácter intencionado de la acción humana, lo que se necesita es una teoría que tenga en cuenta el hecho de que las personas tienden a un objetivo y que, al mismo tiempo, están condicionadas. Parsons desarrolló su “teoría general de la acción” cuyo objetivo era aportar un marco teórico que conjugara diversas disciplinas de las ciencias sociales: sociología, política, psicología y economía. En esta teoría es esencial el concepto de “sistema”; para él un “sistema de acción” tiene que ver con una organización duradera de la interacción entre lo que dominaba un “actor” y una “situación”. El actor puede ser un individuo o un grupo y la situación puede o no incorporar a otros “actores”. Señaló que todo sistema tiene tres características. La primera es su relativa estructuración. Parsons sostenía que en el ámbito social las pautas relativas a los valores y lo que él denominaba “las variables patrón” contribuyen a la naturaleza estructurada del sistema. La segunda se basa en que la pervivencia de ese sistema precisa del cumplimiento de ciertas funciones.

Robert Merton

Sus escritos eran más cautos y defensivos, y en ellos siempre estaba presente el conocimiento de las diversas críticas que habían suscitado los anteriores marcos de referencia funcionalista. Una parte importante de su obra se centra en esas críticas. De hecho, intentó constantemente demostrar que no eran válidas o señaló errores que no eran inherentes a su argumento. El paradigma funcionalista que proponía Merton se esforzaba por evitar esos defectos intelectuales. Él señalaba que los individuos evaluaban su propia situación comparándola y contrastándola con la de un grupo de referencia. Merton pensaba que la teoría alcanzaba sus objetivos porque contradecía el sentido común y había sido comprobada empíricamente. La propuesta funcionalista de Merton se basaba en sus críticas a esta trinidad de postulados funcionales. En primer lugar, él abandona la idea del primer funcionalismo según la cual vivimos en el mejor de los mundos posibles. Hay muchas creencias o prácticas que persisten a pesar de que sus efectos no son muy beneficiosos para los individuos afectados o para el conjunto de la sociedad. Puede que sus consecuencias sean negativas o que carezcan de una influencia social significativa. Merton señaló que los primeros funcionalistas habían producido un sesgo que desde entonces había hecho que los estudios se centraran exclusivamente en los efectos positivos que tienen los elementos sociales para el conjunto en el que están inmersos. Señaló que era habitual criticar al funcionalismo por su sesgo conservador. Reconocía que los primeros funcionalistas habían tendido a hacer interpretaciones que legitimaban el orden existente, aunque negaba que esta tendencia fuera inherente al funcionalismo.

 

El neofuncionalismo y Niklas Luhmann

El neofuncionalismo presta atención a las interconexiones que existen entre los diversos componentes del sistema social. Se basa en una gran variedad de fuentes que van desde la teoría general de sistemas hasta el estructural funcionalismo de Parsons, pasando por la antropología filosófica de Gehlen y la fenomenología. Luhmann también establece analogías entre el mundo social y 6 otros ámbitos; de ahí su interés en la teoría de la autopoiesis y de los sistemas autoorganizativos. Su punto de partida es el sistema, cuyo funcionamiento sólo puede entenderse del todo, para este autor, si se considera la relación que mantienen con su medio. La principal afirmación de Luhmann es que los sistemas suelen reducir la complejidad del medio en el que están inmersos.

 

La reproducción social: la educación en el modo de producción capitalista

Esta reproducción de la ideología dominante tendría lugar en los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE) y entre ellos, con un lugar privilegiado, la escuela. A diferencia de los Aparatos Represivos del Estado, que funcionan principalmente por la fuerza y secundariamente por la ideología, éstos actúan principalmente a través de la ideología y secundariamente por la fuerza. En este sentido, en una sociedad en la que la relación social general es la explotación del proletariado por parte de la burguesía, la ideología es el sistema de ideas y representaciones, que «domina el espíritu de un hombre o un grupo social» (Althusser, –1970– 1998, p. 47); es la representación imaginaria del mundo que tienen los sujetos, es decir, de sus condiciones materiales de existencia. Su papel es garantizar la reproducción de esas condiciones materiales de existencia en provecho de la clase dominante.

La escuela como vehículo de resistencia a pesar de su función reproductivito Las teorías de la resistencia surgen en la década del 80’, en un contexto que se ha caracterizado como de derrota de las luchas obreras y avance del capital, y también en los años 90’, a partir de las críticas al neoliberalismo. En la mayoría de los casos, nacen como respuesta a las teorías de la reproducción señalando que en sus análisis se desdibujaba la centralidad del sujeto como protagonista la acción educativa, es decir, habían dejado de lado «el poder de agencia». Dichos trabajos se proponían estudiar a la escuela y las relaciones sociales que los sujetos establecen allí dentro con el fin de elaborar una teoría crítica sobre el sistema escolar que pusiera de relieve las potencialidades transformadoras de los sujetos que allí participan. Tomaremos aquí los planteos de Henry Giroux y Peter McLaren que, a nuestro entender, condensan los aportes más significativos de esta vertiente pedagógica y sus desarrollos fueron y son influyentes dentro de la literatura contemporánea sobre el tema. Cabe mencionar, sin embargo, que ambos autores han tomado como centrales los aportes de Paulo Freire. Si bien no es posible ubicar a este último en el marco de las teorías de la resistencia, fundamentalmente debido al momento histórico en que inició su desarrollo teórico –dos de sus obras más importantes, Educación como práctica de la libertad y Pedagogía del oprimido, por ejemplo, fueron publicadas en 1967 y 1970 respectivamente– creemos que sus ideas centrales y sobre todo sus obras de las décadas del 80’ y 90’ conservan algunos puntos en común con las teorías expuestas. Además, su obra ha inspirado a numerosas experiencias latinoamericanas de Educación Popular que se reconocen cercanas a estos planteos teóricos.

En resumen, los enfoques sociológicos proporcionan distintas perspectivas para analizar y comprender los problemas sociales en México y en cualquier otra sociedad. Cada enfoque, ya sea el crítico, funcionalista, interpretativo, de redes sociales, de género o de desarrollo, ofrece herramientas únicas para observar y abordar las diversas dinámicas sociales. La combinación de estos enfoques permite una comprensión más completa y matizada de los problemas sociales. Abordar estos desafíos con una perspectiva multidimensional facilita el diseño de soluciones más efectivas y sostenibles. La sociología, al proporcionar estas herramientas analíticas, contribuye significativamente a la creación de políticas y programas que promuevan la equidad y el bienestar social.

Jennifer Gonzalez 


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